Diurna de abril

Una mujer ha jurado
no dormir, desoyendo la noche,
no apagar su mirada, el paisaje,
la luna en las vías y el gato en su ley.
En sus ojos se empoza un azar
de pupilas abiertas sin fin.

En su mirada se asoma
un desmadre de río que ahoga
un nocturno de trinos y climas,
fantasmas silvestres y lluvias de ayer.
En recuerdos se oye otro tren
y un aroma de aguas en flor.

Sueño de amor vacilante,
el delirio que insomnia y escombra,
se desvela la terca vigilia
la curva dulzura de su desnudez.
Ojerosa la luna vitral
hurgará con su haz en su pie.

Ojos de luz y ambrosia,
en racimos de estrellas bifrontes,
se detiene al borde del alma
el sueño despierto y su candidez.
No se duerme la endecha en su voz,
ese canto raído de amor.

Ojos de suave paisaje
que no duermen, ni esperan su noche,
de Mariana se vuelan fugaces
cobrizas gaviotas en diurnos de abril.
En sus vuelos sus ojos se van
como el día que muere en Zagreb.

Aníbal Albornoz Ávila-

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