El bosque de la vida

Busqué la guía de los hombres. Fui

por el carril del mundo pero igual

salieron a mi encuentro fogonazos

y lámparas portadas por personas

que erraron el camino y me pedían

la dirección exacta de la Cruz del Sur.

Volviéronse en mí contra las señales.

Las puertas que buscaba se ausentaron.

Y enfermas de silencio las aldabas

no respondían nunca a mis urgencias.

Pero las garzas me indicaron tibias

pisadas en las playas y los búhos

caída ya la noche con chistidos

al bosque de la vida me llevaron.

Allí sentí el aliento del lucero.

Y el beso de una estrella abrió mi boca.

Delfina Acosta-

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