Tras lo evidente y lo místico

Hoy he salido a beber del aire

y me hallé con las puertas

del alma haciendo historia,

conjugando latidos y silencios,

uniendo lo invisible y visible.

ensamblando lo que soy,

con lo que he de ser mañana,

una semilla dispuesta a dar vida,

que la vida es un nacer cada día,

y también un morir cada noche.

Después me incliné a reprenderme,

pues deseo ser morada de Dios,

luz en las noches del camino,

horizonte de bondad por siempre,

la virtud que regenera mis pasos,

con la inocencia del niño que soy,

y la ingenuidad de unos labios

que suplican las manos del Señor,

tan níveas como acogedoras,

y tan creadoras como creativas.

Es ahora, en la hora requerida,

en la que necesito rescatarme,

de tantos andares endiosados,

de tantas corrientes malignas.

de tantos uniformes uniformados,

de tantos dichos que se desdicen,

de tantas miserias míseras,

de tantos timbres que nos atrofian,

de tantos pesares que nos enlutan,

de tantas torturas entroncadas.

El mundo antes de enmudecerse,

ha de cristalizar armónicamente,

liberarse del cuerpo sin alma,

para encarnarse en el verbo

más eterno, más hondo y profundo,

pues si el valor rige el universo,

el espíritu nos pone en movimiento,

por amor y para amar,

antes de que la barca se hunda,

para siempre y por siempre.

Víctor Corcoba Herrero- [email protected]

Comentar