Poemas

El rancho

Como manos que se unen para el rezo

su techo primitivo presupone

un corazón cristiano donde pone

el campesino albor su primer beso.

Parte entonces la grey y queda opreso

de un fervor casi humano que traspone

su cuerpo de terrón con que dispone

la ternura del pan a su regreso

Llega la hora nocturnal, serena,

un aroma frutal llama a la cena

mientras reasume su actitud de rezo.

Una gran flor protege su contorno

y en seráfica paz ensaya el horno

tras de la fronda, su postrer bostezo.

Gerardo Molina-

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