Poemas

Enamorarse

Érase una mujer que fue rosal

y los garfios o espinas de su cuerpo

más que doler a su nocturno amante

a ella le dolían y por eso

perder su aroma prefirió una noche,

y sus rosados pétalos abiertos

como una cabellera cuando el pino

bajaba el viento de los astros rojos.

Y se deshizo del capullo último.

Y de sus ramas y el deforme tallo

por el que trajinaban las hormigas.

Era un rosal que se creyó mujer

enamorada y terminó pagando

el precio de un amor que no era suyo,

se cuenta sin embargo. Sólo sé

que amar es darse entera solo al viento.

Delfina Acosta-

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *