No pongamos distancias…

No pongamos distancias entre los frutos y los besos,

ni entre la tierra buena y las raíces

deseosas de elevarse sobre el mundo

para contemplar la mar.

Ni siquiera entre el verso triste y el alegre.

Las distancias siempre nos acercan la noche

que nunca pudo percibir la sencillez

absoluta de los almendros en flor.

Unamos nuestro sol invisible,

nuestro corazón siempre esperanzado y fecundo,

nuestro verso recién nacido,

nuestra palabra cálida y virginal

a los veneros del alba para libar de ellos luz,

y a los del llanto y las tinieblas

para secarlos desde sus orígenes.

Dejémosle las distancias al tiempo.

Él será quien, sutilmente, las imponga

a su paso tan inexhaustible como disciplinado.

Del libro Sustancia de vida

Carlos Benítez Villodres-

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