Poemas

Llama

Con las viejas canciones

volvía a la muchacha

de la una de la tarde.

 

La incansable pianola

repetía un perfume de talco barato,

blusa de colegial y miradas furtivas.

Fueron tiempos donde el insaciable

no hartaba la sed del corazón.

 

Veinte años después, una mañana,

ese olvidado placer volvió a visitarlo.

 

Ahora ella tenía veinticuatro años,

hablaba una lengua que ignoraba el bolero;

era color de nieve y una inmensa espiga

coronaba su cabeza.

 

No se repite la historia, repitió.

 

Supo, no obstante, que la vida

está hecha de gestos.

 

Esa mañana, un aire, que venía del tiempo,

había mecido aquella cabellera

deteniéndolo todo.

 

Harold Alvarado Tenorio-

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