Poemas

interminable danza de parias

a esa hora, cuando cae la sangre del amor

tu boca no recuerda la fruta que la desborda

ni la audaz inocencia del pecado de castidad

ni la confidencia sitiada en el ondulante páramo

de esas moraduras,

esas manchas como lepra del alma

que agitan un silencio profuso.

el perdón, querida

elude la impertinente certeza de morir:

nada aguarda después de los huesos.

Del libro La Mirada Sonora

Alfredo Luna-

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