Poemas

Balada del insomnio

La noche es un manojo de tinieblas.

Un gran, esperanzado, desesperado

manojo de tinieblas.

Cuando la sombra invoca mi pecho

yo comienzo a desentrañar fantasmas:

 

el lecho solo

que una vez fue carne amotinada,

las paredes que pinto con los ojos

hasta lastimar el gris y las pupilas,

los muebles dormitando memorias

en prendas inverosímiles,

leyendas del noble anzuelo

que desguaza un libro

en el panteón del velador,

y mi perra,

ortopédica casi,

viva como yo de vida sobrante…

 

Pero espero la penumbra.

Solo entonces

puedo mirar mi alma de frente

sin la luz que invade con su brillo los contornos.

 

La miro y le cuento los nombres,

los abandonos,

las tertulias del alba

-puro pájaro de bronce solapado-,

la miro y le apuro los instantes,

los desgrano,

los distraigo,

le juego olvidos en cofres de ordenador,

le gano,

me gana.

 

Hasta que el sueño

como un gran trapecio

me cuelga de su cintura

y oscilo bendita entre mundos dispares,

ya cayendo hacia lo alto,

ya cerrando catedrales de abismo,

fetalmente desafiante

y obstinada,

con píldoras que perforan mi orfandad

y me vuelcan

desnuda

hasta el sitio

en que todo desaparece,

me aplasta y me olvida.

 

Nora Nani-

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