Poemas

Viento

El, ávido de todo mi ser,

horada la médula ósea

repartiéndose en ecos en mi interior

y se bifurca

lastimándome el instintivo don de la paciencia,

para desperezarse en un furtivo e intranquilo aliento

de sonrisas pasajeras.

El, me recorre ahora exteriormente,

la piel endurecida de los amaneceres sin bostezos

me protege.

El, se aleja cuando las lágrimas de dios

me empapan:

entonces ya no pienso y la naturaleza calla.

 

Pedro Raúl Sánchez-

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