Poemas

“Iris la Hembra”

El horror de una noche es, nada más ni nada menos que la situación que estoy viviendo.
Corría el inverno del 2012 Para ser mas exacto el día 23 de Julio del año que mencioné.
La calle era angosta; tenía yo unas cervezas de más, mi andar era vacilante en aquel momento.
Como surgida de la nada emerge entre la bruma de aquel invierno, una figura, alta elástica y delicadamente atrayente, de finos rasgos, cabellos largos y rasgados ojos verdes.
Con una sonrisa enigmática y sugerente me toma de la mano y como la cosa más natural del mundo comienza a caminar calle abajo.
Yo, como todo común animal seducido por una hembra, por demás atrayente, me dejo guiar al lugar donde intuyo una felicidad sin límites…
Llegamos. Algo raro creo haber visto o intuido; con un ademán enérgico, aquella belleza consigue que la puerta se abra  dando paso a un resplandor sin límites pero, que no ilumina la calle. Presiento que estoy por entrar en algo por demás desconocido y lúgubre pese a toda la luz de aquel recinto.
Aquella mujer -Iris- nombre que no sé en qué momento me trasmitió, se quitó su abrigo pues el lugar era por demás cálido y lo arrojó a un costado. Creí que caería al suelo. Me apresuré a querer recogerlo y he aquí que aparece, como por arte de magia, alguien a quien con tanta luz no había visto y toma, antes que toque el piso, aquella hermosa piel.
Por primera vez Iris me dirige la palabra:
Hombre… Estas en mis dominios; ponte cómodo, elige el lugar en que quieras reposar por milenios.
Un frío recorre mis arterias.
Ella desaparece; en el lugar veo percheros y más percheros hechos de cornamentas de alces, ciervos y todos los rumiantes conocidos de cornamenta que habitan este planeta…
Lo tétrico fue cuando sentí el frío que allí, pese a la luz, reinaba. En ese instante descubro los cuerpos, en perfecto orden, por sexo y estatura -creo que por edad igual-, todos desnudos y colgando por la nuca de aquellos percheros.
El sacudón fue tan grande que desperté, encendí la luz y saqué, de debajo de mi cama, una cornamenta de ocho puntas que me regalaron hace unos meses y la arrojé a la calle frente de mi casa.
Cuando cerraba la puerta alcanzo a escuchar a mi vecina, (muy parecida a Iris) que decía…
¡Julio mirá que hermosa cornamenta para un perchero!, y sin más la entro a su casa.

 

Alfredo Ismael Lama-

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