Poemas

Viento amargo

Desterrado y virtualmente prisionero en la isla de Santa Helena, Napoleón Bonaparte dicta todas las mañanas sus memorias, consciente de que las manipula de acuerdo con la imagen de gloria que desea legar a la posteridad. El viejo guerrero no tiene otra ocupación valiosa hasta que miss Betsy Balcombe toca a su puerta; a partir de entonces no le importa que su memoria sangre semana a semana, lo esencial es estar con esa chiquilla, recrearse en su figura, perderse en su aroma y en la seriedad juguetona de su mirada mientras hablan de todo: nostalgia, deseo, religión, deber, amor, muerte, vacío.
A partir de entonces no le importa que su memoria sangre semana a semana, lo esencial es estar con esa chiquilla, recrearse en su figura, perderse en su aroma y en la seriedad juguetona de su mirada mientras hablan de todo: nostalgia, deseo, religión, deber, amor, muerte, vacío…
Lentamente, el emperador, quien creía que su «única amante fue el poder» y que «el amor estorba», queda rendido ante esta deslumbrante mujer. (Editorial Debolsillo)

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