Poemas

Con baja y lenta voz

Nadie lo sepa, amada, y a pesar del espacio

que nos separa, hablemos con baja y lenta voz

de aquel amor que yace, como un niño dormido,

sobre mi corazón, sobre tu corazón.

 

Tú eras una divina mujercita pequeña;

cabellera de sol, grandes ojos de sombra.

Yo tenía tan sólo mi corazón que tiembla;

yo no era más que un niño aspirando una rosa.

 

Rosa que todavía me perfuma las manos,

y nunca será flor entre las manos de nadie,

porque le dió su sabia mi corazón extraño

que es una rosa viva, de pétalos de sangre.

 

Puro y claro, mi amor me dio el gozo y la pena,

la pena de perderlo para no hallarlo más.

¡Por qué no te amé siempre de lejos, de muy lejos,

como el mar a la luna, como la luna al mar!

 

Así no sufriríamos de este recuerdo, ahora,

Pero no… consolémonos y bajemos la voz.

Nos endulzó y pasó, como todas las cosas.

Calla. No maldigamos, ¡Si nos oyera Dios!

 

Romeo Murga-

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