Poemas

Con cien pesos en las manos

Otra vez la lágrima,

de pie a cabeza me recorre la nostalgia,

de las rosas doradas de nuestros ojos.

Mis queridos compañeros,

les pido que junten cien pesos

en cada mano y levantemos dos cervezas,

así un brindis de espuma y calor,

desfilará como primavera entre los sueños.

Volverán nuestras risas de tarde en tarde,

los juegos y el caballo de bronce en el polvo;

las historias jamás terminadas.

Yo me traje de todos un poco,

el tren desde Santiago venía despacio

y no alcanzó a devorarse los recuerdos.

Me traje tus camisas, Edgardo,

tus botas que gritaban, Diego,

tus páginas y revistas, Oscar;

 

me traje toda una vida revuelta,

porque éramos tantos y sólo uno.

Fueron muchas las noches de sueños con versos perfectos,

muertos que volvían de sus tumbas a saludarnos,

porque la poesía nos conocía y nos besaba.

Nosotros éramos un poema que quedó inconcluso.

Volverán las cosas, las risas, los llantos,

tras los años en una lejana puerta,

ese dichoso abrazo de fuego;

un amigo en la distancia: un lucero.

Tras los años, en alguna puerta lejana,

la propia juventud tras nuestras canas;

tras los años en alguna casa lejana,

con cien pesos en la mano y

el eterno brindis de seis muchachos

entre espuma, calor y sueños.

 

Santiago Azar-

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