La ciega

Clásico

la soledad encarece la carne agota la sal

las especias, los garbanzos que busca

en los frascos que guardan los secretos

y justo es mediodía

y el caño gotea los ojos gotean

pero es así con la cebolla.

El deseo de ser unos minutos después

para apurar la vida

y largarse desde una colorida colina

le hacen suponer que todo lo que ve

no mira.

Se ha perdido en su sombra,

entonces repta desnuda

abierta de brazos y de piernas

desgarrada su túnica de sacerdotisa de banda ancha.

Clásico, así de clásico es con la cocina

para colmo

las ollas se marchan hacia otras superficies

y el corazón se rehoga en trozos de juliana.

Del libro Vida rentada.

Mónica Cazón-

1 comentario

  1. 13 de septiembre de 2017 : : Cronica Literaria dejó un comentario:

    […] Anterior […]

    12 septiembre, 2017 a las 7:06 pm

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