Desocupado

Un desocupado, Dios, es una pieza única

que hace a tiempo completo su trabajo;

una pieza insustituible

a todo el engranaje;

una mudez; un grito; un balbuceo;

un canal nivelador

que espera aguas,

aparentemente más cerca de la sequedad

y el olvido

que de la administración planificada

de riquezas.

Un desocupado, Dios, con su desierto

y su niebla,

vital a este equilibrio de espejismo,

donde cada cosa empuja o devora

a cada cosa.

Se repite, se confunde, y se alza

ya como discurso

de escena, que el desocupado está

desocupado

de toda función o todo uso,

mientras la máquina infernal, abismal,

ahonda el pozo.

De Informe de barbarie

Eduardo Dalter-

Comentar