Poemas

Esquina solitaria

Ella me llamó.

 

 

Le dije que nos encontráramos

donde el invierno posa

ráfagas de aguacero,

inunda jirones en torno a mis pies

en la esquina de una calle solitaria.

 

 

Sería a la hora en que la mañana

toma tenues aromas rancios de aserrín pisoteado.

En máscaras que los relojes reinician

en terraplenes dormidos, mientras alzo mis brazos

al grito de tripas envueltas en caricaturas de periódicos

rozando el límite de vidas imaginadas.

 

 

Promesas de sueños y alianzas de amores,

como pájaros y bocanadas entre nubes.

 

 

La besaría, entre puertas abiertas

bajo vestiduras flotantes,

ésas que te miran y no te reconocen.

 

 

Me acercaré disimulando distintas apariencias,

con párpados hundidos entre bambalinas.

 

 

La atmósfera nocturna nos envolverá

sobre altas vertientes en caída,

ocultando la vigilia en cuartos de alquiler.

 

 

Vibrarán historias que acechan

relatos de triunfos dirigiendo la marcha

y sus besos, estarán escondidos

donde guardan el llamador sutil de la magia,

viejas gentes del mar.

 

Sus ojos, traerán las monedas del destino,

como si se tratara de esfinges, esperando

el ángulo de salas violetas del visillo de su alma.

 

 

Entretanto, me diluyo detrás de manzanas

en la pequeña casa que nos acoge,

persuadido de lo inútil de ciertos hábitos

pisoteados en calles luminosas,

al borde de lo imaginado

en el encuentro de nuestros cuerpos

adhiriéndose a mi voz,

desandando silencios.

 

 

Jaime Icho Kozak

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