Poemas

La abadesa

Por el jardín paseaba la Abadesa

Leyendo una oración de su breviario

Sus ojos eran de un azul turquesa,

Su tez como el marfil de su rosario.

 

Así cruzaba la divina obsesa,

Defendida de un mal imaginario,

Por aquel corazón que su pureza

Bordara en su bendito escapulario.

 

Junto a la hoja sagrada que leía,

Tierna recordación, simbolizada

En una seca flor la entristecía.

 

Cesó su labio de moverse en rezo,

Su pena se vertió cristalizada,

Y en la cruz y en la flor puso su beso.

 

Abel Alarcón-

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